Terminó una pesadilla de 12 años

15.6.10 / Publicado por Camilo Rosales /

Cuando la puerta del avión militar se abrió y pudieron distinguir, apenas a unos metros, las caras de sus esposas, padres, hijos y hermanos entre la nube de gente que los esperaba en la pista del aeropuerto de Catam, en Bogotá, el general Luis Mendieta, los coroneles William Donato y Enrique Murillo y el sargento Arbey Delgado de verdad empezaron a creer que la pesadilla había terminado.



Estaban felices porque, después de haber sobrevivido a los peligros de la selva, a las enfermedades y hasta a bombardeos de campamentos cercanos, los cuatro que compartieron cautiverio desde el 2002 -de 12 años que estuvieron secuestrados- regresaban sanos y salvos. El coronel Donato apareció ayer por la mañana y por eso la 'Operación Camaleón', que los trajo de vuelta a la libertad, se cerraba con broche de oro.

El primero en bajarse del avión que los trajo del Guaviare, con un camuflado que le dio el Ejército, fue el general Mendieta. Como todos los que han vuelto, dijo que la radio era su único contacto con el mundo y se quejó porque hace 16 meses las Farc se los quitaron y los dejaron "en las sombras".

Precisamente, en unas pruebas de supervivencia de hace 20 días que, según dijo, "deben estar en camino", pidió que les devolvieran los transistores a ellos y a los otros secuestrados.

Su señora, doña María Teresa; y sus hijos, Johan y Jenny, no se le desprendían. Cuando se fue a Mitú los dos eran unos niños y los encontró ya en la universidad.

En la pista estaban todos los que lo esperaron desde esa toma de 1998. Su papá, don Luis Alfredo, llegó en silla de ruedas y con oxígeno.

En medio de los agradecimientos a Dios, a su familia, al Presidente y a los altos mandos, tuvo tiempo para decirles a los jefes de las Farc que ya es hora de que se atrevan a dejar la guerra.

'Atrévanse a hacer política'

Según el general, la moral de esa guerrilla cada vez es más baja. También afirmó que la base insurgente está a favor de que los secuestrados sean liberados, pero no lo hacen por físico miedo a sus jefes. "Yo sé que los guerrilleros de bajo nivel quieren eso -dijo Mendieta-. El secretariado debería tomar la decisión: 'Cano', 'Jojoy', ya es hora de que cambien y se incorporen a la política".

Mendieta es en este momento el oficial más antiguo de la Policía. Rato después, en un homenaje en la Dirección de la institución, el general Óscar Naranjo le dijo: "Usted es mi superior; estoy a sus órdenes". Lo único que pidió el general, no a Naranjo y a la Policía, sino al país, fue que no se olvidaran de los que todavía no han vuelto de la selva.

Arbey Delgado, que no se había querido quitar la cadena que las Farc le pusieron al cuello hace tres años, también habló de la baja moral de sus carceleros: "Son unos salvajes (...) Salieron corriendo apenas vieron las tropas". En medio de la emoción, su hermana Luz Marina sacó tiempo para la indignación: tanteando la cadena, que pesa varios kilos, dijo que era "inconcebible" que la guerrilla los obligara a usarla todo el tiempo.

Todos insistieron en que la guerrilla debe liberar cuanto antes a los otros secuestrados y confiaron en que este nuevo éxito del Ejército no genere represalias en contra de sus compañeros. Así pasó cuando se voló el mayor Wilson Quintero (que fue asesinado después por el 'Negro Acacio'), y pasó tras la exitosa 'Operación Jaque', que hace casi dos años arrancó a las Farc a otros 15 secuestrados: "Nos desnudaban, nos esculcaban, nos quitaban cualquier objeto, los radios, los cortauñas, las linternas (...) Aspiro a que la guerrilla recapacite y mire que esta no es la salida", dijo Murillo.

Y Donato recordó que en las pruebas de supervivencia le envió un mensaje al secretariado: "Que ya es justo acabar con esa lucha llena de sangre y muertos, que acabe con este dolor".

Sobrevivieron a todo

Los cuatro llegaron en buen estado de salud, pero tristes por los que siguen secuestrados en la selva y por los que ya nunca volverán de esa muerte en vida: el coronel Ernesto Guevara, el mayor Wilson Quintero, el cabo Luis Hernando Peña...

Y contaron que más de una vez estuvieron en serio riesgo de entrar a esa lista.

El general Mendieta estuvo casi inválido por una celulitis (infección de los tejidos), al punto que pensó que nunca volvería a caminar por sus propios medios.

"Me tenían que llevar en una hamaca, y me tocaba arrastrarme para hacer mis necesidades -dijo ayer, a su regreso a Bogotá-. Unos guerrilleros me traían una olla con agua para que me bañara (...) Esa experiencia fue muy fuerte, pensé que iba a morir. Todos los días pensaba: ¿qué pasó con mis piernas?".

Lo curaron con inyecciones de penicilina: "Volví a caminar, pero muy lento; primero arrastrándome, luego con muletas".

El coronel Murillo, que confesó que nunca pensó que iban a ser liberados en ese campamento, porque apenas llevaban ocho días allí, estuvo a punto de morir al menos tres veces en el último mes. La última fue este domingo, en medio del combate. Y el 3 de mayo pasado, un güío (anaconda) estuvo a punto de tragárselo. Los guerrilleros le contaron 42 marcas de dientes en la pierna que le dejó la culebra.

"Fui a bañarme y me atacó una anaconda: medía 8 metros de largo y 77 centímetros de ancho, y cuando llegó el guerrillero y la mató nos dimos cuenta del monstruo que era ese animal", contó el coronel Murillo.

Ese no fue el único lío: aunque no era una serpiente venenosa, le aplicaron suero antiofídico, directamente en el corazón, y estuvieron a punto de matarlo. Perdió el conocimiento por más de un día.

Donato, que tuvo en vilo al país hasta ayer por la mañana, recordó que en más de una oportunidad las bombas explotaron a menos de un kilómetro. Su familia lo encontró mucho más flaco, pues pasó de 110 a 70 kilos.

Pero todos, como señaló el sargento Delgado, encontraron "fuerzas en Dios y en la familia" para sobrevivir al cautiverio y volver a donde los esperaron por más de una década.

Fuente:
El tiempo.com
Camilo Rosales

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