Escrita en apenas un mes en 1866 por Fiódor Dostoievski, “El jugador” es un relato del afán del hombre, representado en las necesidades de una familia respetada de la época, por solucionar a toda costa sus dificultades económicas por medio del azar del mundo del juego y las apuestas.
Acosados por las deudas, un general en retiro y su familia, se involucran en peligrosas situaciones y compañías, en el ficticio balneario de Ruletemburgo. La ruleta se presenta como una respuesta real, cuando la salida de una acaudalada herencia se hace imposible; todo esto a través de los ojos del siempre testigo y preceptor Alexei Ivanovich.
Un hilo de fatalismo termina por llevar a una desgracia a todo el mundo, y es allí cuando descubrí personalmente que el que pensé, era el personaje más cuerdo y centrado de todos, Alexei, como una piedra más arrastrada por la corriente de las desafortunadas circunstancias. Cito entonces sus últimas palabras que son también las últimas líneas del libro y que reflejan como en un porvenir todos sus problemas se resolverán por seguir apostando sin descanso:
“He aquí lo que son las cosas, lo que a veces puede significar el último florín. ¿Y si yo ahora perdiese los ánimos y no me atreviera a tomar nuevas decisiones?
- ¡No, no; mañana ...! ¡Mañana todo habrá concluído!”
En esta novela, donde nadie actúa sensatamente y nadie abriga un ápice de cordura (en especial la hija del general, Polina Alexandrovna, la más errática de todas), destaca un personaje el cual ha sido realmente mi única razón para escribir este post; la abuela o babulinka, como le dicen sus allegados (abuela en ruso), la imponente y rica Antonina Vassilievna Tarassevitchev, gran propietaria y gran dama moscovita. Sin duda, todo un ser con un carácter de hierro y un descaro que arranca risas, su presencia es alabada como temida lo cual le dota del permiso para ridiculizar a quien se le interponga, incluso a quien ostente un título nobiliario…menuda mujer! Solo por ella recomiendo esta historia!
Cabe añadir que Dostoievski realizo este trabajo bajo presión del pago de varias deudas, lo cual lo convierte en idóneo para la realización de este drama, si es que se le puede considerar así, pieza clásica llevada muchas veces a las tablas y al séptimo arte.
Camilo Rosales
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