UNA ENTREVISTA MUY COMPLETA REALIZADA A DANIEL CRAIG. A RIESGO DE REALIZAR ALGUNA ILEGALIDAD, LA PUBLICÓ TAL CUAL LA ENCONTRÉ, YA QUE ESTA BELLAMENTE REALIZADA, CASI QUE PARECE ESCRITA EN UNA NOVELA DEL MISMO IAN FLEMING
NOV 14: QUANTUM OF SOLACE
Es apenas media tarde, pero ya ha sido un día largo para Daniel Craig.
En uno de los hoteles más nuevos y modernos de Londres, Craig contiene un bostezo, pide café -mucho- y con pasos largos camina hacia la ventana para dejar entrar una ráfaga de viento del Soho.
"Perdóname, pero cometí el error de tomar una siesta después de la comida", se disculpa mientras me ofrece una taza de café. "Con un poco, seguro me repondré", dice.
Unos minutos más tarde, tras servirse otra taza de café colombiano bien cargado, es evidente cómo la energía se filtra por los poros de ese rostro de facciones increíblemente bien marcadas, que pareciera estar esculpido de un bloque de granito. Sus ojos azul claro brillan y su conversación se anima notablemente. "Es soprendente lo que la cafeína puede lograr", dice Craig con una sonrisa.
Se recuesta en el sofá de piel oscura y su cuerpo, que lució espectacular y provocó exclamaciones del público cuando salió del mar en la película Casino Royale, se transforma visiblemente. Está alerta, listo, presente. Es James Bond dispuesto a entrar en acción. La escena del traje de baño azul -ya saben, en la que Craig, en el papel de Bond, sale del oleaje de las Bahamas como un Adonis moderno- disparó las ventas de la marca del traje de baño que llevaba pero, sobre todo, fue el momento en el que Craig le dio al clavo y se apropió del personaje. Los incrédulos, que se burlaban y aseguraban que el actor sería un 007 tan soso como un martini seco preparado hace dos días, tuvieron que comerse sus palabras.
Craig ha puesto cuerpo y alma en su interpretación de Bond, así que es totalmente comprensible que su energía haya disminuido hoy: 38 horas atrás terminaba de filmar Quantum of Solace, la segunda película en que interpreta al espía británico.
"Fue muy emotivo", dice Craig, "terminamos alrededor de la medianoche y Michael Lerman [el primer asistente de dirección] nos dijo: ‘Damas y caballeros, con esto termina el trabajo de la unidad principal de Bond 22, Quantum of Solace'. Se me hizo un nudo en la garganta, de verdad".
SED DE VENGANZA
Quantum of Solace, un título que ha confundido, enfurecido y dejado perplejos a muchos, fue tomado de un cuento corto de Ian Fleming. La cinta empieza donde terminó Casino Royale: Bond está desconsolado tras la muerte de la mujer que amaba, una escultura con el memorable nombre de Vesper Lynd (interpretada por Eva Green), y se siente desecho tras descubrir que ella lo traicionó.
"Bond intenta encontrar a los tipos que mataron a la mujer que amaba", explica Craig. "Aquella mujer que él pensaba que también lo amaba, pero que en realidad lo traicionó, le dio la espalda y lo delató. Obviamente, Bond está furioso".
Y cuando un Bond encabronado busca venganza, es mejor hacerse a un lado. O esconderse.
"La historia trata sobre cómo Bond empieza a investigar lo que pasó y descubre que una organización -compañía, negocio o lo que demonios sea- llamada Quantum, se dedica a influenciar al mundo en beneficio propio. Esto embona muy bien con la idea de Espectro [la organización internacional terrorista de las novelas de Fleming]. Describimos a compañías que compran las materias rimas de forma muy agresiva para controlarlas. No creo que esté uy lejos de lo que pasa en la realidad".
En Quantum of Solace Bond es un hombre con sed de venganza mpecinado en que alguien pague por la muerte de Lynd. Pero M, a persona al mando del centro de operaciones de la agencia de espionaje i6 (interpretada formidablemente por Judi Dench) trata e frenarlo, al temer que Bond esté fuera de control.
Bond se abre camino a través de un laberinto de mentiras y descubre que el aparentemente encantador ominic Green (interpretado por Mathieu Amalric), líder de Quantum, es en realidad un peligroso ecoterrorista que intenta controlar uno de los recursos vitales del planeta: el agua. Existen traidores entre los miembros del mi6, la cia está tras el renegado Bond e incluso hay un plan para derrocar al régimen de Bolivia.
Agreguen a lo anterior muchas secuencias de acción espectaculares filmadas en Panamá, Chile, Austria e Italia, autos veloces (un Aston Martin dbs, entre otros), barcos y aviones (un Douglas dc3 Dakota) de lujo y explosiones. No pueden faltar mujeres hermosas, como Olga Kurylenko en el papel de la misteriosa Camille y Gemma Arterton interpretando a la agente Fields del mi6, quien ayuda a demostrar que un corazón roto se puede sanar entre las sábanas, al menos temporalmente. Estos son los ingredientes para una cinta contemporánea de James Bond destinada a superar el éxito colosal de su antecesora, que recaudó más de 500 millones de dólares en taquilla y se convirtió en la más exitosa de todas las películas de la franquicia en 40 años.
Y con el alemán Marc Forster (Monster's Ball, The Kite Runner) al timón de la producción cinematográfica número 22 de Bond (la primera de la serie que no está basada en una novela de Fleming), el público puede esperar un banquete que no se ajusta al formato usual de una película de acción y suspenso, pero que incluye el tipo de golpes psicológicos y emocionales que Martin Campbell logró en Casino Royale.
"Creo que todos estaban un poco nerviosos cuando supieron de la participación de Marc; pensaban: ‘Francamente, ¿qué experiencia tiene él en películas de acción?' Pero se adaptó de forma brillante", dice Craig. "Es muy meticuloso, por lo que las dudas que cualquiera pudo haber tenido se disiparon de inmediato, pues se podía ver lo bien preparado que estaba".
"Sabe perfectamente lo que está haciendo y es un placer trabajar con él. Antes que nada, Marc es un apasionado narrador de historias. Basta ver sus películas, todas tienen como parte esencial una buena historia, y Marc tiene la habilidad de siempre obtener magníficas actuaciones".
"Cuando su nombre se mencionó para este proyecto, yo dije: ‘Es una excelente idea'. Sabía que teníamos que intentar algo diferente e ir en otra dirección. Marc era ideal para lograrlo".
LA MALDICIÓN DE BOND
En su primera participación como Bond, Craig tuvo que demostrar que sus detractores estaban equivocados. Lo hizo de una forma espectacular y gracias a ello obtuvo una nominación de la Academia Británica de las Artes Cinematográficas y de la Televisión (bafta, por sus siglas en inglés). Muchos opinan que también debió de haber sido nominado al Oscar. Esta vez, según Craig, el reto es simple: asegurarse que Quantum of Solace sea mejor que Casino Royale.
Craig comenzó a entrenar para Quantum of Solace tres meses antes de arrancar la filmación en enero. El entrenador personal Simon Waterson ideó un régimen para maximizar la condición física del actor y no sólo aumentar su volumen muscular para convertirlo en ese macho fornido ("El Señor Sin Cuello", como Craig lo llama) de la primera película.
"Todo se centró en el ejercicio cardiovascular -no puedo creer que usara esa palabra- para lograr que mi condición física me permitiera aguantar la filmación", dice Craig. "Eso significó entrenamiento diario, primero en el gimnasio con la máquina de remo y con pesas, y después correr y saltar mucho".
"La última vez me puse a dieta, pero esta vez no lo hice tanto. Comía bien y todo eso, me mantuve en equilibrio y los resultados no fueron tan distintos. Mantuve mi peso porque necesitaba conservarme saludable y en forma".
Funcionó. A diferencia de lo que pasó durante la filmación de Casino Royale, cuando Craig padeció tirones musculares y desgarramiento de tendones, esta vez estaba más que preparado para enfrentar los retos. "No sufrí lesiones como la vez pasada. Sin embargo, pasaron otras cosas", asegura el actor.
¡Ah!, sí, las otras cosas... La prensa amarillista británica disfrutó al referirse a los accidentes que ocurrieron en el set como "la maldición de James Bond". Craig se cercenó la punta del dedo anular de la mano derecha y sufrió una cortadura debajo del ojo derecho al ser pateado durante una escena de pelea. Ambos accidentes sucedieron mientras filmaba en los Estudios Pinewood, en el Reino Unido, y requirieron visitas breves al hospital local.
"Estaba azotando una puerta en la cara de Mathieu cuando ocurrió esto", dice Craig, al tiempo que muestra el dedo aún marcado por una cicatriz de color púrpura intenso, al que le tuvieron que adherir la punta cercenada. "Así es que probablemente me lo merezco".
"Y me dieron ocho puntadas en la cara a causa de una patada. En realidad eso no fue nada. Volví a trabajar de inmediato.
Los doctores hicieron un gran trabajo. Una pequeñez. Comparada con otras cosas que sucedieron, fue irrelevante".
De hecho, ocurrieron otros accidentes más serios. Un mecánico de la compañía Aston Martin que llevaba un auto al set de Italia perdió el control, se salió del camino y se hundió en el lago Garda. Increíblemente, el hombre salió ileso.
El doble de escenas de acción, Aris Comninos, no tuvo la misma suerte. Manejaba un Alfa Romeo 159 cuando se estrelló contra un camión durante la filmación cerca de Brescia, Italia, y sufrió serios traumatismos en la cabeza.
"Eso puso las cosas en perspectiva", dice Craig. "Existe un riesgo en lo que hacemos, pero sabemos que se toman las medidas necesarias para asegurar que se reduzca al mínimo. Sin embargo, algo salió mal, fue un accidente inesperado que nos dejó atónitos a todos. No tiene sentido buscar culpables, fue un accidente y lo que importa es que Aris está recuperándose".
ESCARCEO CON EL PELIGRO
El hombre que hoy está ante nosotros interpreta su papel. Quizá se ha transformado en el personaje o tal vez sea más fácil notar su buen gusto ahora que es Bond. De cualquier forma, Craig tiene estilo. Enfundado en unos pantalones Dunhill de mezclilla azul, botas negras y una camisa negra sin arrugas, debajo de un cárdigan negro ajustado, su atlética figura luce tan elegante como siempre.
Mientras que otros Bond anteriores han lucido bien con ropa, pero no lo suficientemente atléticos como para salir victoriosos de una pelea real, Craig usa la ropa sin permitir que ésta lo domine. No obstante, es evidente que le gusta la de calidad. En la nueva película, el vestuario de Bond fue diseñado por Tom Ford. Craig calcula que durante la filmación de la cinta usó más de 40 trajes.
"Destrozamos una gran cantidad de trajes. No quedó ni uno solo al final de la filmación para robarme, y me hubiera gustado quedarme con uno", dice entre risas. "Todos se estropearon; hasta el punto que para realizar la secuencia de los créditos, el sábado pasado, tuvimos que usar el último traje que me quedaba. Y ése también lo despedazamos".
"Tuve que ponerme un arnés debajo de la mayoría de los trajes y se hacían hoyos en la parte trasera del saco o aquí [señala el área debajo de los brazos]. Cortar estos trajes hermosos e impecables es un crimen, pero ni modo: es una película de Bond".
A Craig le gusta hacer tantas escenas de peligro como sea posible. Y disfruta involucrándose en todos los aspectos de la película, desde conversar con los productores Barbara Broccoli y Michael G. Wilson sobre quién debe dirigir la campaña de mercadotecnia hasta el diseño del póster.
"Me involucré en el proyecto meses antes de que comenzáramos a filmar, analizando el guión, participando en la selección del elenco, en las conversaciones sobre la inclusión de Marc, todo eso. Para mí se trata mucho más que del periodo de filmación. En lo que se refiere al esfuerzo físico, esta vez hubo mucho más que hacer. Creo que en la película pasada la mentalidad era: ‘¡Ah, sí pudo hacerlo!', y esta vez fue: ‘¡Hagamos que vaya más allá!'".
En la última parte de la película, hay una secuencia en la que Bond está atrapado en un edificio en llamas, mientras todo explota a su alrededor. Cuando Craig la filmó, la adrenalina estaba al máximo.
"En esos momentos obviamente alguien me dobla", dice. "De todos modos, el fuego de las explosiones cae muy cerca de donde estás. La secuencia fue diseñada maravillosamente, con explosiones controladas, pero sentía el calor de las llamas. Ahí estaba yo, cubierto de gel contra fuego, en eso hay una explosión -¡Bang!- y volteas al otro lado y hay otra más -¡Bang!-. Entonces el techo se desploma y todo es un infierno. Es una experiencia que no puedes sacarte de la cabeza. Fue increíble".
Craig sabe que las escenas de acción deben ser del más alto nivel, pues si bien es cierto que él encarna la reinvención de una franquicia, hay algunos elementos que una película de Bond siempre debe tener. "Por supuesto que no se trata de un Kitchen-Sink Drama [género que toca temas de la clase trabajadora]", dice riendo. "Se trata de una película de Bond y créeme, tiene todo lo necesario: escenas de acción, locaciones, emociones, todo".
El actor considera que las películas de acción de Hong Kong han marcado la pauta a seguir en estos últimos años. "Algunas son fantásticas y creo que era natural que Bond siguiera esa dirección. Películas como Crouching Tiger, Hidden Dragon y otras tantas, y las cintas de John Woo tienen coreografías espectaculares y todo el mundo ha tenido que entender esto. Por eso ensayamos las peleas durante meses, porque tenemos que ser tan buenos como esos filmes".
UNA MEJOR PERSONA
En el pasado, Craig tenía fama de ser hostil en las entrevistas. Así que un periodista podría esperar un encuentro lleno de asperezas. Sin embargo, el actor es amigable y chistoso.
"Tengo que conservar el sentido del humor, porquepuede perderse muy rápido, y entonces te retraes y dejas de salir o no puedes hacerlo sin escolta armada. Y la cosa puede volverse ridícula. Así que el sentido del humor es importante, porque tienes que sonreír ante esta clase de situaciones".
Craig, quien nació en Chester, Inglaterra, y creció cerca de Merseyside, está muy bien preparado. Cuando tenía 16 años se unió al Teatro Juvenil Nacional. Dos años más tarde, fue aceptado en la Escuela Guildhall de Música y Arte Dramático (gsmd, por sus siglas en inglés). Después empezó a trabajar en la televisión británica, destacando en la saga de la bbc Our Friends in the North, así como en películas británicas de bajo presupuesto (The Trench, Love is the Devil), experiencias que lo prepararon para el momento en que Hollywood tocó a su puerta.
Cuando sucedió, quienes tocaron a su puerta confirmaron que la espera había valido la pena: Sam Mendes le otorgó el papel del psicótico hijo de Paul Newman en Road to Perdition, y Steven Spielberg lo contrató para Munich. Estas interpretaciones, entre otras, convencieron a Broccoli y a Wilson de que Craig era el James Bond que estaban buscando.
En sus veintes, Craig estuvo casado brevemente con la actriz escocesa Fiona Loudon y tienen una hija llamada Ella. Siempre se ha negado a hablar sobre eso y no piensa cambiar de parecer ahora.
"Obviamente sé que este trabajo implica mucho escrutinio y notoriedad, por eso estoy más que dispuesto a sentarme a platicar sobre mi trabajo, mis experiencias durante la filmación, lo que sea. Pero no veo por qué tendría que ponerme a discutir los detalles de mi vida privada en público", afirma Craig. Desde 2005, el actor sale con la productora Satsuki Mitchell, quien ha estado a su lado a lo largo de la aventura de Bond. "No podría lograrlo sin tener a alguien cerca", asegura Craig. "Uno necesita tener a alguien con quien compartir este tipo de cosas".
Craig admite que ser James Bond lo ha transformado. "He cambiado en el sentido de que ahora veo la vida con otros ojos, pero considero que, precisamente, una de las razones por las que acepté este papel fue para obligarme a cambiar y poder ver las cosas desde una óptica diferente", dice. "He perdido mucho de la persona que solía ser, pero a cambio he encontrado muchas otras cosas".
Hace una pausa y sonríe. "Aquí la tienes, una respuesta al estilo de Reader's Digest: ‘Soy una mejor persona'. Pero, la verdad es que las cosas han cambiado para bien. El lugar en el que me encuentro ahora es poco común y debo estar bien despierto y vivo para disfrutarlo, de lo contrario me perdería de lo que está pasando".
Y de hecho, ahora Daniel Craig está bien despierto y listo para sumergirse en el final de la tarde londinense.
CAMILO ROSALES
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