El brasier, la prenda íntima más preciada por hombres y mujeres, cumplió 100 años.

15.8.07 / Publicado por Camilo Rosales /

Este invento de Pierre Poiret ha evolucionado a la par con la fémina moderna y creó una industria que mundialmente mueve millones de dólares.


Arma de seducción a veces, o símbolo de la liberación femenina otras, la prenda no deja a nadie indiferente. Sujetadores con copa o sin ella, con tiras o strapples, balconet, deportivo, ‘wonderbra’ o reductor, cada mujer elige el que más le favorece.

Desde su invención en 1907 todas las mujeres del planeta han caído rendidas ante él. Antes de la invención del sujetador las mujeres debían sufrir embutidas en corsés metálicos incómodos y poco sensuales.

Tanto, que tras la entrada de Estados Unidos en la Primera Guerra Mundial se llamó a todas las mujeres para que donaran sus corsés metálicos para uso militar (28.000 toneladas de metal). Con ellos se construyeron dos naves de guerra.

En 1907 Pierre Poiret empezó a esbozar los primeros patrones de este tipo de sostén en su taller parisino, pero no fue él quien se llevó los honores sino la estadounidense Mary Phelps Jacob, quien lo patentó en 1914 con el nombre de backless brassiere (corsé sin espalda).

El invento tuvo una inmensa acogida entre sus amigas íntimas, que estaban fascinadas por este nuevo corsé construido a base de dos pañuelos, una cinta y un cordel y que hacía que sus trajes lucieran más escotados y atractivos.

Sin embargo, la idea que tuvo Mary Phelps y que confeccionó su doncella en 1913 solo se puso a la venta cuando la creadora empezó a recibir pedidos a través de cartas anónimas. Sin publicidad ni mercadeo de ninguna clase, el negoció quebró. Un tiempo después fue presentada a la encargada de vestuario de Warner Brothers Corset Company, quien le dio 1.500 dólares por los derechos del producto.

Llega la comodidad

Ya en la década de los años 20 empezaron a confeccionarse en tela elástica y en la década de los 30 nació el sujetador sin tirantes, aunque todavía con copa estándar.

No obstante, la que más aportó a la correcta evolución del sujetador fue Ida Rosenthal, en Estados Unidos, quien con el apoyo de su esposo ideó un tallaje para la nueva prenda. Para ello midió el pecho y la espalda de decenas de mujeres estadounidenses, desde la pubertad hasta la madurez.

Si hasta ahora el sujetador y el corsé habían servido para elevar y realzar el busto, Rosenthal se dio cuenta de la moda flapper, que proponía un aspecto andrógino, con bustos pequeños y aplastados.

Entonces, alteró la tendencia de poner de manifiesto unos senos protuberantes y creó una segunda línea para disimularlos.

En los años 60 la prenda se convirtió en símbolo político, ante la quema de sujetadores por parte de las jóvenes hippies, que reclamaban sus derechos y libertad sexual. Cuando le preguntaron a Rosenthal si la nueva tendencia supondría el fin de su imperio, contestó: “Toda persona tiene derecho a vestirse o desvestirse, pero a partir de los 35 años la mujer no tiene figura para prescindir del sujetador. El tiempo está a mi favor”.

Efectivamente, este le dio la razón. En 1967 se lanzó la primera campaña televisiva publicitando este elemento, aunque apenas a finales de los 80 se incorporó el encaje elástico. En el 2000 se inventó el ‘airbra’, relleno de aire para aumentar el volumen de los senos. El avance tecnológico ha hecho posible que ya existan sujetadores inteligentes, como el numetrex, que incorpora una válvula que toma el pulso de los latidos del corazón, o el night bra, que previene las arrugas del escote.

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